Pensamientos teatrales

10678854_850596241659630_9006628966751597498_nHago teatro. Siempre digo lo mismo. No me importa la etiqueta que queráis ponerle: teatro físico, gestual, de investigación, del absurdo… La verdad es que etiquetar mi teatro nunca me ha parecido relevante. Pero la realidad es que sí, hago teatro. Y en los tiempos que corren es un verdadero desafío. De hecho, cualquiera que se dedique al arte hoy en día está desafiando las leyes de lo coherente, porque en si mismo es un oficio que no te ayuda mucho a pagar las facturas, al menos en ciertos niveles. Sí, los que nos dedicamos a la cultura también pagamos facturas. Y vivimos en casas con nuestras familias. Y sí, ellos también comen y se visten. Pero claro, en un país como el nuestro donde se le está perdiendo el respeto a la cultura por parte de los gobiernos y por parte de algunos de los que nos dedicamos a esto, parece que el teatro no es una profesión, por lo tanto para qué remunerarlo dignamente. Eso sí, paguen ustedes un 21% de IVA cobrando mucho menos que antes y sigan haciendo productos que no hagan pensar a los ciudadanos y los mantengan contentos. Lo que nos mantiene en pie todavía nunca podrá ser entendido ni superado por todos estos señores y señoras. Y es simple: lo que nos mantiene es el amor que ponemos en lo que hacemos. Yo no hago un teatro para que el público se siente como se sienta frente a la tele. Yo hago un teatro que hace que quieras pensar cuando lo ves. Pero cuidado, es peligroso. No hace nucho leí una crítica de teatro que decía que el teatro era un medio de expresión, no un vehículo de comunicación y mucho menos un espacio para la denuncia. De pronto todos mis años de experiencia y formación me cayeron encima como una losa. Señores críticos de teatro: si el teatro no comunica no es teatro y si como creador no puedo expresar y denunciar sobre el escenario lo que me de la gana en libertad, entonces no sé en que país vivimos, porque el teatro es igual a libertad. Yo sigo haciendo teatro y espero seguir por mucho tiempo, porque todavía no se me ha agotado el amor que le profeso. Seguiremos denunciando, expresando y comunicando desde nuestra trinchera teatral.

Raúl G. Figueroa. Director de Zaherí Teatro.

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Producción de Espectáculos Teatrales
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